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Pensamientos y ensoñaciones30.11.06
¿Qué se escribe en un diario?
He leído en otros blogs que la gente cuenta episodios de lo que le ocurre cada día. A mi no me suelen suceder hechos que valga la pena señalar, sin embargo he decidido, que hoy 30.11.06, voy a empezar el mío.
No lo entiendo, anoche al acostarme puse el despertador (lo he comprobado) estaba puesto para que sonara a las 07.30h y no ha sonado. Ya no se puede una fiar ni de las más modernas tecnologías, en fin… Con más pena que gloria he pasado furtivamente bajo la ducha, y he tomado el café con leche de todas las mañanas, sin olvidar por supuesto las consabidas pastillas. Si, una ya está en la edad de los privilegios. Al menor achaque, te otorgan la sin par ayuda de la pastillita. El día se ha levantado gris y brumoso. No me gustan los días grises, me dan ganas de meterme en la cama y no salir, pero las obligaciones mandan.
Al ir al colegio a llevar a los niños, he visto que en la piscina de la vecina había patos. No quiero pensar en qué estado se la van a dejar. Pobres patos, el ayuntamiento los ha desalojado del lago y se han tenido obviamente que buscar la vida. El lago, es un lago artificial que se había convertido en el emblema del pueblo. Allí hacían los fuegos artificiales en las fiestas, y la gente lo usaba para todo tipo de cosas. Como fondo para fotografías o cuadros, como entorno para pasear, o simplemente como referencia para indicar direcciones a los forasteros.
Yo iba mucho a pasear alrededor de ese lago, pero desde que lo han vaciado para limpiarle el fondo, no he vuelto a ir. La singular fauna que se concentra en su interior para sacar los lodos acumulados y trastos que la gente sin conciencia ha ido tirando en sus aguas, no es compañía grata para los paseos. Prefería mil veces a los patos nadando silenciosos y que en días de niebla como el de hoy, emergían de la bruma como seres espectrales.
El lago se había convertido en mi confidente, y a él recurría cuando tenía algún conflicto de tipo emocional. Se limitaba a escucharme sin verse en la obligación de emitir juicio alguno, e incluso alguna que otra vez recogió en sus aguas, inoportunas lagrimillas que sin querer fluían de mis ojos. Pero bueno, no nos pongamos trágicos. En primavera volverán a llenarlo. Me pregunto si en la orilla seguirá habiendo lirios amarillos. Ya os contaré…
Voy a poner música. ¿Que tal, “You sexy Thing”, de Hot Chocolat? Si, creo que para fregar los platos es lo mejor. Ventanitas
Álbum de fotografías
Por todo y masEste poema es el resultado de una noche de insomnio en la que estuve releyendo viejos emails, acompañada por el sin igual Joaquin Sabina.
Lo dedico a mi JR particular. En quien tras ese carácter hosco en apariencia, se esconde un ser sensible y generoso. Por derribar mí muralla cuando dejé de creer, y por creer en mí, mucho mas que yo misma. Por estar siempre ahí, en los momentos mas duros. y permanecer erguido sin dejarme caer. Por conseguir mi risa cuando quiero llorar, y llorar escondido para que yo no te vea. Por mostrar tu alegría, cuando alcanzo una meta. y por guardar silencio, cuando quieres gritar. Por quererme así, sin pretender cambiarme por valorarme siempre, cuando pierdo la fe Por darme de tu aliento cuando ya no respiro y hacer que el camino, no parezca el que es. Por la elegante perfección de tus virtudes y la perfecta imperfección de tus defectos, Por todo lo que no quieres que te diga… Por todo… por todo… y más… Si un día buscas calor, en tu nido vacío Sí te atenaza el frío, al llegar la madrugada, Recuerda lo vivido tantas noches heladas. No le temas a nada y búscame en el mío. Miradas IComo todas las tardes de las últimas semanas, en el andén de la vía 2 y con las manos en los bolsillos, camina hacia ninguna parte un hombre con chaqueta gris. Como cada tarde, sentada en el banco que hay junto al kiosco de Mercedes, le sigo con la mirada. No sé su nombre, no sé nada de él. Es apenas un desconocido que diariamente compra un cupón de la Once, pero me gusta observar la gracilidad de sus movimientos, el mechón rebelde de sus cabellos, el moreno salvaje de su piel. Imagino la mirada que esconde tras sus gafas de sol al respirar el enigmático aroma que deja a su paso, una mezcla de romero, pino y té verde. - ¿Disculpe, está libre este asiento? La pregunta me saca de forma súbita de mi tarea de su búsqueda y al girarme veo al hombre de chaqueta gris señalando el que hay junto a mí. Con ademán apresurado y torpe retiro mi chaqueta esbozando una breve y tímida sonrisa. Sin sorpresa, advierto con encubierto placer la anhelada e ignota mirada que se desvela clara y azul por encima de los cristales de sus gafas oscuras. Mi compañero de viaje con los ojos cerrados y un periódico sobre las rodillas, reposa su cabeza en el asiento. Deseo que en su presunta inocencia, vuelvan sus ojos a acariciar los míos. Quisiera hablarle, reclamar su atención con cualquier pregunta anodina, pero algo que no sé describir atenaza mi lengua impidiendo que salga de mi garganta cualquier otra cosa que no sea el entrecortado aire de mi propia respiración. Y le miro… le miro sin poder hablar. Diez minutos más tarde, el tren casi vacío muere en la estación central de Barcelona-Sants. -¡Adiós, buenas tardes! Saluda con parquedad al levantarse de su asiento. Voy tras él hacia la puerta de salida. Lo sigo con la mirada unos instantes hasta perderlo entre el pulular de gente que ajena a todo, va y viene entre los paneles luminosos anunciantes de horarios, retrasos, cancelaciones…
De los altavoces del hilo musical sale la voz de Natalie Imbruglia cantando Torn. Tras una larga inspiración, sonrío levemente mientras me dirijo a las cabinas acristaladas en busca de un nuevo billete. Es hora de volver a casa. NebulosasLas nebulosas son cúmulos de gases y polvos en el espacio, que tienen una importancia cosmológica notable porque se consideran los lugares donde nacen, por fenómenos de condensación y agregación de la materia, los sistemas solares similares al nuestro. El porqué me dio por coleccionar nebulosas, es algo que aún no sé muy bien. Siempre me ha gustado mirar al cielo y ver como se mueven las nubes durante el día, como cambian de forma, y color. Seguir las estelas de los aviones cuando el cielo es intensamente azul y contemplar como poco a poco se disipan. En las noches de verano me gusta mirar en la oscuridad los puntos brillantes, reconocer las constelaciones y si tengo suerte, ver caer una estrella sin ser la noche de San Lorenzo. Lo cierto es que no sé si antes o después de escribir "El pulsar Rojo", empecé a recoger fotografías de nebulosas. Me llamaban la atención sus formas caprichosas, sus colores , el origen y sobre todo me dan conciencia de las grandeza del cosmos y lo insignificante que soy en él. En el apartado de fotos, os dejo una pequeña parte de esas bellezas visuales, llamadas Nebulosas. Nube RosaMe llamo Bris. No recuerdo cuándo, ni cómo vine a este mundo, y no sé siquiera quienes son mis padres, pero no olvidaré nunca la primera vez que la vi. Tenía los ojos cerrados y sonreía. Acababan de darle un biberón y la pusieron junto a mí. Su olor a leche, a ternura extrema, su frágil aspecto de nube rosa, me dio una serenidad y una paz que no sé describir.
Al principio ni me miraba, pero con el tiempo se acostumbró a dormir con su nariz pegada a la mía. A veces me agarraba con sus tiernas manos y se frotaba la cara con mi cuerpo, otras chupeteaba y lamía mis orejas con placer. Cuando empezó a gatear y a descubrir el mundo me llevaba siempre con ella, unas veces preso entre sus dientes, otras arrastrándome por el suelo. Mas adelante, me daba baños en el bidé y me dejaba olvidado en cualquier parte… ¡había tantas cosas que captaban su atención! En el verano de su tercer año de vida aprendió a pedalear. Ese fue el mejor año de todos. Me metía en la cesta de su triciclo y me daba largos paseos alrededor de la casa. Se enfadaba mucho y protestaba cuando tenía que bajarse para ir a comer, a veces incluso lloraba pero se consolaba conmigo. Me apretaba con sus brazos de niña contra su pecho. Nunca después me he vuelto a sentir tan bien. Recuerdo su primer día de colegio. ¡Qué mal lo pasamos los dos! Al despedirme de ella, lloró con tal desconsuelo, que me llenó todo el cuerpo de mocos y babas. Yo le decía que la esperaría en casa, pero no me creyó. No podía reprochárselo, ese día le fallamos todos. Sus padres, sus hermanos y yo mismo.
En el colegio hizo nuevos amigos y yo pasaba cada vez más tiempo solo. Me viene a la memoria la espantosa semana que estuve abandonado en el fondo del baúl de los juguetes de los chicos, rodeado de coches metálicos y frías pistolas. Podría decir que es la sensación más parecida a la muerte.
Un día me dieron un lavado a fondo, y después de secarme al sol colgado por las orejas, me metieron en una bolsita de plástico, y me acostaron dentro de una caja de zapatos. Ha llegado el momento de hibernar, pensé… todos los osos hibernan, de modo que allí me quedé, en la oscuridad del altillo del armario, esperando el momento adecuado para volver a salir.
Hoy, después de no sé cuanto tiempo he vuelto a verla. Fue un hermoso bebé y una niña preciosa, y ahora es una guapa mujer. Como quien destapa un frágil tesoro, me ha despojado del plástico que me envolvía y ha metido su nariz en mi cuerpo. Ella, ya no huele a leche. Su olor me resulta extraño, pero sigue siendo un agradable placer estar tan cerca de ella. Con premura me ha retirado de su cara y mirándome fijamente me ha dicho: –Bris, te voy a necesitar… Y con la mano en un abultado vientre, añade: -Tendrás que ayudarme a cuidar de Sara. Qué puedo decir, una extraña sensación me ha subido por el rizo de algodón que cubre mi espalda. Le hubiese dado un fuerte abrazo de oso. ¿Olerá Sara a nube rosa? - PUZZLE-
http://five.flash-gear.com/npuz/puz.php?c=v&id=3246583&k=7268785 El pulsar rojo, mi estrellaNo hace muchos días leí que cuando uno se siente solo, no tiene más que mirar al cielo y buscar una estrella. Entonces se da cuenta de las miles y miles de personas que en un momento dado han podido sentir esa misma soledad, viendo la cantidad de luceros y estrellas que pueblan el firmamento. Finalizando el verano del 2004, una noche, mirando al cielo lo encontré. Nacía mas allá de la Vía Láctea, el pulsar rojo AL/II-0. Puede parecer uno más, pero para mi es el más hermoso. Es muy distinto a todo lo que había visto antes. La luz de los demás es un puro reflejo del sol… AL/II-0 resplandece con intensidad y titila juguetón en el cielo, luciendo altivo y orgulloso por encima de todo el conjunto de supernovas, enanas blancas, nebulosas y demás púlsares de la galaxia. Es mi lucero bello, el rey de los cuerpos celestes. Me acompaña en viajes imposibles, más allá de los confines del universo donde reinan los duendes y las hadas… Al país de los sueños, deslizándose conmigo por el arco iris, vistiéndome con sus colores, poniendo bajo mis pies desnudos, alfombras hechas con flores del jardín donde siempre es primavera, eligiendo para mí, las nubes más blancas y mullidas en las que puedo dejarme mecer con el viento…. Con el he compartido tantas cosas…tantos pequeños placeres…El azul intenso y salado de inmensos mares, donde al llegar la noche, se ven los destellos plateados de la luna... El fresco verdor de la hierba en praderas remotas, donde vivían animales salvajes y libres…La arena fina y caliente bañada de sol de una playa lejana, acariciada en la orilla por aguas turquesas… El espectáculo incomparable de la aurora boreal…el frío reflejo de la nieve en la cara… caminar por ella cuando aún nadie ha pisado. El aroma de flores blancas de azahar, guardándolo como un tesoro para que no nos lo robe nadie. Músicas, risas… y también muchos silencios. Mi pulsar rojo, el más hermoso, el más bello…. Gracias por estar ahí. Quiera Dios, o la fuerza cósmica que te creó, que pueda seguir compartiendo contigo cosas tan hermosas. Que siempre puedas brillar con la misma intensidad que lo haces hoy, y que nunca… nunca, llegues a sentir el dolor de la soledad. El color de su sonrisaTenemos las horas contadas, me dijo, porque como Alicia habitábamos en un mundo de espejismos e ilusiones. Sin embargo no temimos embarcarnos en la aventura de un viaje sin destino. Teníamos de nuestra parte, a las ninfas del agua, las hadas de las dunas, los duendes del bosque y a todo el séquito de tritones y sirenas de los Dioses del océano. Todo era perfecto hasta que un fuerte golpe de viento rasgó las velas de su barco y nubes negras amenazando galerna cubrieron su cielo, dejándole desorientado y a la deriva en medio del mar. El sol seguía brillando pero en ese momento él aún no lo sabía. Intenté convencerle a pesar de la amnesia sufrida por los Dioses, de que yo conocía el raro lenguaje de las ardillas, y que juntos seríamos capaces de volver a descubrir la magia que produce el canto de los grillos en las noches de verano o el de las cigarras, ebrias por el calor, a la hora de la siesta. Le hablé bajito al oído día tras día y aun no sé como, pero le convencí. Nos convertimos en socios de una empresa común. Había que alejarle cuanto antes de ese cielo negro y buscar los colores con que dibujar de nuevo su sonrisa. Hoy el cielo está gris y llueve. Veo resbalar las gotas de agua en los cristales de la ventana, que al juntarse forman minúsculos riachuelos. Desde la cocina la cafetera emite su particular barboteo anunciando que el café está hecho. Apoyada en el quicio de la puerta de la habitación sin peinar, y en camisón le observo moverse despacio. La tormenta o tal vez el olor a café lo han despertado. Estira una pierna, encoge la otra y en silencio escucho el agradable murmullo que produce al removerse con pereza bajo las sabanas de algodón. Con el dorso de la mano se frota un ojo, se rasca la barba, con el pelo revuelto y los ojos aun hinchados por el sueño, me mira sonriendo y me dice: Buenos días, princesa ¡qué guapa estás de rosa! nota del autor: Por no rendirte... gracias :-) -FEA- (Hiperbreve)Bajo la lámpara de pie, le veo quitarse las gafas y con suavidad depositarlas en la mesita del rincón junto al libro que acaba de cerrar. -¡Qué fea eres!, me dice con cara de bobo apoyando la barbilla en su mano derecha. Frente al portátil hago esfuerzos para contener la risa, intentando en vano hacerle creer que no le oigo. "California Blue" de Roy Orbison suena en Radio Kiss, y la página del Word sigue en blanco. -¿Cómo es posible que seas tan fea?... Repite sin alterar el gesto. - ¡Idiota! Exploto al fin ¿no ves que no me dejas escribir? - Ya sabes, me gusta cuando te enfadas. Contesta burlón. Satisfecho de su falso logro se levanta acomodándose la camisa por dentro del pantalón. –Voy a hacerme un té, ¿quieres uno? Por encima de la pantalla le observo. Desde que está en casa, apenas escribo, pero me hace reír. A mi hermano le rompía los cromos cuando me decía fea, y sin embargo en él, suena tan bien… -Lo que nunca te dije-Ayer, mirando mis manos recordé las tuyas. Te recuerdo muchas veces y te nombro… Han pasado tantos años... tantas cosas. A veces pienso en la niña que quería ser peluquera y que se pasaba horas mojándote el pelo y llenándote la cabeza de pinzas y rulos de la abuela, y tú, intentando leer el periódico, te dejabas hacer. La que después quiso ser enfermera, y te llenaba los brazos de vendajes, hechos con los recortes de los bajos de los pantalones que tiraba al suelo la tía Engracia cuando salía a coser a la calle en el verano... La misma que cogías en tu regazo por las noches al fresco y le contabas mil y una historias, con las estrellas y la luna como testigos, o llevabas de la mano en tus paseos por el campo ayudándola a descubrir el mundo. ¿Recuerdas a mi hijo el pequeño?.... Estabas ya muy enfermo aquel verano. Cada vez me recuerda más a ti... y, ¿sabes? Hace unos días encontró un nido en unos bloques de cemento. Los pajaritos acababan de nacer, y me acordé de aquel que encontramos un día en el margen del camino que llevaba a la viña. ¡Cuantos mundos exploramos juntos!... ¡cuantos tesoros descubrimos! Me regalaste tantas cosas, tantos momentos felices. Pronto van a ser las fiestas de mi pueblo, y aquí también hacen fuegos artificiales el último día. ¿Te acuerdas aquel año que me pasé la tarde llorando porque me daban miedo los cohetes?... Me llevaste a refugiarme a la casa de Don Miguel, el maestro, porque sabias que Diana, su gata, había parido hacia pocos días. Y poco a poco, viendo las crías fui dejando de llorar. La abuela quemó todas tus cosas el año pasado, menos tu sombrero de paño marrón al que pude salvar de la hoguera. Lo dejé donde lo veía cuando no estaba sobre tu cabeza, en el perchero de la entrada. Me dicen que estoy tonta, pero a mi me gusta verlo allí. Lo llevabas puesto el día que me trajiste aquel ramo de margaritas silvestres amarillas. A veces ibas con una en la boca mordisqueando el tallo…otras con un tallito de romero, o de hinojo, o una simple brizna de hierba…cosa que sacaba de quicio a la abuela, pero que a mi me encantaba. Pasó el día de tu santo, y cuando vivías con ella te llamaba por teléfono. No podías oírme bien por tu avanzada sordera, pero te alegraba que lo hiciera. Este año no he podido hacerlo… Las primeras palabras que yo escribí, fueron para ti… Palabras sueltas sin ningún orden, pero que guardabas en tu cartera como si fueran un manuscrito del propio Cervantes. Un trozo de papel doblado en cuatro partes y gastado por el paso del tiempo y en el que a lápiz y algo emborronado se podían leer las palabras: perro… gato… casa… árbol…nena, y algunas más que no me acuerdo. O mi primer dibujo… -¡Esta niña es una artista!, decías mirando lo que pretendía ser un barco y que navegaba con el casco al revés. Se que allí donde estás no pasa el cartero, pero ahora que ya he aprendido a escribir, me gustaría poder concentrar todas estas palabras, en una que nunca te dije. Por tu eterna sonrisa, por la paciencia que tuviste conmigo, por el mucho amor que me diste y por lo feliz que fui contigo… Gracias, abuelo. Jugando con el barro
Baño de espuma
Restos de café con hielo en un vaso. Ropas desperdigadas por el suelo. En el velado espejo del cuarto de baño, adivino el reflejo de mi propio cuerpo y por encima del borde de la bañera, nubes de espuma bailan nerviosas, acaso excitadas, sobre el agua.
Sin prisas, levanto una pierna, después la otra y despacio penetro en el agua caliente. Apoyo la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos me dejo llevar por la melodía que volátil emerge del hilo. Amaso entre mis dedos pedazos de espuma densa, cremosa, suave. Obediente se deja extender a lo largo de mis brazos, mis hombros... y mis pechos, pretéritas fuentes lactantes, se yerguen ahora hambrientos buscando tus manos. Wait for me de Vangelis, mejor imposible. Tus ágiles dedos bucean bajo el agua como animales marinos. Susurros… gemidos… Curiosos y agitados exploran y anidan en oquedad recóndita. Jadeos…quejidos…Entran y salen alborotados acariciando sus bordes…, ays, murmullos… humedad salada, cataclismo ardiente, estertores propios de la misma muerte. Ebria y aturdida por el vapor inhalado, abro los ojos. Se diluye la espuma, el agua se enfría. Despierto.
Recuperado el aliento constato, que anhelando tus manos, nuevamente me dejé engañar por las mías. El pastel de crema
Mi arbolEn mi jardín tengo un árbol. Me gusta tumbarme a sus pies y escucharlo. Me habla bajito, me cuenta cosas agitando sus hojas. A veces se ríe cuando siente las cosquillas de hormigas traviesas paseando en sus raíces. Le gusta hacerme feliz. Viste sus hojas de los más variados colores en otoño. Amarillo, naranja, rojo, marrón… y poco a poco las deja caer tapizando su suelo para mí. Desnudo, llama al sol para que entibie mi piel en invierno. Y un año tras otro en primavera, se llena de vivas hojas verdes para más tarde, en verano, protegerme de él. A veces trepo a sus ramas pegando mi cuerpo a su corteza, lo abrazo, lo escalo, lo beso… meto mi nariz en su musgo, lo huelo… Desde su copa puedo ver el mundo, saltar a las nubes y coronar mi cabeza con las estrellas que más brillan. Otras veces escucho su latir, me aferro a sus flancos y lo apretujo contra mi pecho como a un niño. Froto mi mejilla en su tronco. Respiro el agreste aroma de su resina, percibo la savia de sus vasos, la siento en mis dedos palpitar. ¿Se puede amar a un árbol? En su tronco he grabado mis iniciales dentro de un corazón. |
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